Dije que era un minuto. Les dije a todos que que volvía enseguida y me alejé con cuidado del comedor. Gabriela me miró con cara de te conozco y de a mí no me engañás y creo que cuando le devolví la mirada de alguna manera le dí la razón. Ella lo sabe. Me acomodé un poco la camisa, me hice el que cantaba y salí a buscar refugio en el balcón. Estás bien? Sí, sí. Todas las voces y la música y las risas intermitentes rebotaban adentro como en un estanque, cerré la puerta y respiré tan fuerte y tan hondo, procuré llenarme tanto de aire, que el pecho no soportó la presión y me dolió. O quizás ya me dolía de antes, qué se yo. Hacía un poco de frío, tomé la cerveza caliente que me quedaba en el vaso y lo tiré al vacío. No lo ví caer, me quedé un rato largo mirando los edificios y las luces de la calle, la gente que pasaba. La nada.
Hace 6 años.

2 comentarios:
Exquisito relato Ken :)
la cerveza caliente merecia q la tiraras al vacio...
·.·
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