martes

Subí al colectivo como quien se despierta a oscuras en medio de la noche y no reconoce el lugar, perdido, con las manos impregnadas de olor a sexo y pensativo. Por lo menos esta vez no había metido tanto la pata y había podido parar..
Me olí las manos. Nunca nada me gustó tanto en el mundo como el olor en las manos después de tocar otro cuerpo. Hay algo en la química de la piel que se queda con vos muchísimo tiempo después de haberla tocado. Aunque te bañés, si te apretás un poco las fosas nasales y olés, todavía olés a él. Por dentro olés a él, entendés? Habrá algo más lindo que eso?
Tuve fogonazos durante todo el viaje. Le ví el pecho otra vez. Los lunares, el calzoncillo negro a punto de explotar, la panza contraída y relajada. La forma en que fue cariñoso sólo cuando acabó. Y no es que antes no haya sido bueno, pero bueno no es cariñoso. Cariñoso es otra cosa. Como esa caricia y la cabeza apoyada en mi hombro, agitado todavía. Y el beso, como sellándolo todo. No, pará, quedate, le dije cuando quiso levantarse. Me gusta lo vulnerable que parecés. Sé que se rió por dentro, y cuando entendí eso, cuando SUPE que esas palabras estaban vacías de significado para él, no dejé de pasarle la mano por el pelo pero no pude volver a mirarlo, me quedé un montón de tiempo mirando el techo.

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