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sábado

No te vayas a morir.

N: Le pregunté si yo no le gustaba.
Y me dijo que yo era el chico más guapo que había visto en Argentina, que si no le creía que le preguntara a Ajito.
Pero que él no quiere hacerme sufir, que él sabe que está lejos, y que un día se va a ir.
K: Y qué le dijiste?
N: La verdad que mucho tampoco me acuerdo porque yo estaba muy nervioso y lloraba todo el tiempo.
En una como que dejamos de hablar.
Y me dice de ir acostarnos.
N: Entonces me acuesto en mi cama y me tapo todo.
Y él me destapa y me dice, no te vayas a morir, y me dá la mano.

lunes

Muerte en Venecia, capítulo IV

Aschenbach esperaba cotidianamente la aparición de Tadrio; a veces fingía estar ocupado al divisarle y dejaba que pasase ante él, aparentemente inobservado; pero otras veces levantaba la vista y sus miradas se encontraban. Ambos permanecían en tal caso profundamente serios. En el digno rostro del hombre maduro nada indicaba la conmoción interior, pero en los ojos de Tadrío brillaba una curiosidad, una interrogación pensativa, su paso vacilaba, bajaba la vista, volvía a alzarla graciosamente, y cuando ya estaba lejos, algo en su actitud indicaba que sólo la urbanidad le impedía volverse.
Sin embargo, una tarde las cosas ocurrieron de otra manera. Los hermanos polacos y su institutriz no estaban en el comedor, y Aschenbach lo había observado con pena. Después de cenar, muy inquieto por tal ausencia, salió del hotel a pasear cerca de la terraza, cuando de pronto, a la luz de los faroles, vió aparecer a las cuatro hermanas con su atavío monjil, a la institutriz y a Tadrio, éste unos pasos detrás. Sin duda volvían del desembarcadero y habíanse quedado a cenar, por algún motivo, en la ciudad. En el mar hacía fresco; Tadrio llevaba una casaca de marinero con botones dorados y su gorra correspondiente. El sol y el aire marino no había tostado su tez, que conservaba su amarillo marmóreo de siempre, pero en aquel instante parecía más pálido que de ordinario, quizás a consecuencia del fresco o por el resplandor de los faroles. Sus cejas, armónicas, parecían delineadas más escuetamente y sus ojos eran muy oscuros. Era aquello de una indecible belleza y Aschenbach sintió el dolor, tantas veces experimentado, de que la palabra fuera sólo capaz de ensalzar la belleza sensible, pero no de reproducirla.
Como no esperaba la amable aparición, como le sorprendió descuidado, no tuvo tiempo de componer tranquila y dignamente la expresión de su rostro. De esta manera, cuando su mirada tropezó con la del muchacho, debieron de expresarse abiertamente en ella la alegría, la sorpresa y la admiración. En aquel instante fue cuando Tadrio le sonrío. Le sonrío expresiva, confiada y acogedoramente, con labios que se abrían lentamente a la alegría. Era la sonrisa de Narciso al inclinarse sobre el agua: aquella sonrisa profunda, encantada, deleitable, que acompaña a los brazos que se tienden al reflejo de la propia belleza; una sonrisa ligeramente atormentada, transformada y transformadora.
Aquella sonrisa fue recibida como un obsequio fatal. Aschenbach se conmovió tan profundamente que se vió obligado a huir de la luz de la terraza, del jardín, y buscar apresuradamente el refugio de la oscuridad de la parte posterior del parque. Allí fue donde se le escaparon amonestaciones, singularmente indignas y tiernas al mismo tiempo: ¡No debes sonreír así! ¡No se debe sonreír así a nadie! Se arrojó en un banco y, fuera de sí, aspiró el aroma nocturno de las plantas.

domingo

dice:
si hay algo que me gustaba era acostarme sobre el pecho de mi viejo mientras me leía novelas o leíamos mafalda
dice:
y eso me qedó marcado en la frente
dice:
entonces cuando estoy con alguien mas grande
dice:
no te digo ANCIANO
dice:
pero cuando es mas grande me siento contenido
dice:
siento que puedo aprender y nutrirme de las cosas que la otra persona sabe
dice:
yo antes estuve un tiempo con un chabon mucho más grande
dice:
era lo mejor
dice:
acostarme en su pecho y mirar libros de su biblioteca mientras me contaba las cosas que el sabia de arte
dice:
y yo las que yo sabía
dice:
y siento qe a mi edad hay mucho boludeo y jamás voy a encontrar algún chaboncito qe no qiera garchar nomás
dice:
yo soy muy romántico cuando quiero
dice:
a pesar de que el amor me la baja por el hecho de siempre estar con lo incorrecto
dice:
me encanta, el momento antes y después de hacer el amor (si es que lo hago) me encanta terminar rápido para lo que viene después
dice:
los dos tirados en la cama
dice:
compartiendo cosas en común
dice:
creo que eso es lo que no se compara
dice:
porqe podes hacerlo con tus amigos o familia
dice:
pero jamás va a ser igual.

Recién tuve una charla larguísima con Ignacio en el chat y hablando de él y de sus cosas me escribió esto. No sé por qué me hizo tanto eco lo que dijo, me parece que si separo todo eso en pedacitos podría encontrarle solución (o respuesta...) a varias cosas de mí mismo y de mi vida que no puedo resolver o que me gustaría entender y que a veces me planteo y me pregunto y me cuestiono. Por qué me gustan los hombres? Qué quiero de mis parejas? Por qué me fijo en la gente que me fijo? Qué espero de ellos? El otro día también lo hablaba con Gabriela. No sé, ésto puede no tener ningún sentido pero quiero dejarlo escrito acá y no olvidarme de las palabras de Ignacio porque hoy lo leía y podía verme a mí del otro lado del monitor escribiendo. Me sentí muy identificado en muchas cosas. "Me encanta el momento antes y después de hacer el amor (si es que lo hago), me encanta terminar rápido para lo que viene después..."

sábado

Nadie posee nada. Para poseer algo es preciso desnudarlo, apoderarse de su centro y tener un espacio donde protegerlo. Nadie puede, para poseer una rosa, desvestirla de sus pétalos y retener su fragancia. Las manos del hombre son siempre manos vacías. Tal vez nuestro ejercicio fundamental consista en aprender a amar y escribir con las manos vacías. - Roberto Juarroz.

lunes

" Tengo el cansancio anticipado de lo que no voy a encontrar. Si en determinado momento me hubiera vuelto para la izquierda en lugar de para la derecha. Si en cierto instante hubiera dicho sí en lugar de no, o no en lugar de sí. Si en determinada conversación hubiese tenido frases que sólo ahora en el entresueño elaboro. Si todo esto hubiera sido así hoy sería otro y quizá el Universo entero sería insensiblemente llevado a ser otro también. Pero sólo ahora lo que nunca fui ni seré me duele. Voy a pasar la noche a Cintra porque no puedo pasarla en Lisboa pero cuando llegue a Cintra me va dar pena de no haberme quedado en Lisboa. Siempre esta inquietud sin resolución, sin nexo, sin consecuencia. Siempre, siempre, siempre. Esta angustia excesiva del espíritu por nada. En la carretera de Cintra, o en la carretera del sueño, o en la carretera de la vida. A la izquierda hay una casucha al borde de la carretera. A la derecha, el campo abierto con la luna a lo lejos. El auto que parecía hace poco proporcionarme libertad es ahora algo en lo que estoy encerrado. A la izquierda, hacia atrás, la casucha modesta. La vida allí debe ser feliz sólo porque no es la mía. Si alguien me ha visto desde la ventana de la casucha soñará: ese que va en el auto es feliz. "

Fernando Pessoa (Gracias Nachín, te quiero)